Faro, la ciudad de las marismas

April 17, 2019

Faro, capital del Algarve desde 1756, es un tranquila localidad del sur de Portugal que rezuma encanto gracias a su casco histórico amurallado y a sus animadas callejuelas. Se tiene constancia de población en la zona desde la Prehistoria, donde ya nuestros antepasados se dedicaban a la pesca y al marisqueo. Faro se convirtió en un importante puerto y centro administrativo con los romanos, que la bautizaron como Ossonoba.

 

Entre los siglos III a.C. y VIII d.C., la ciudad estuvo gobernada por romanos y visigodos, hasta que fue conquistada por los musulmanes en el año 713. Reconquistada a los árabes en 1249 por Alfonso III, Faro creció hasta 1596, año en que fue saqueada e incendiada por el conde de Essex, favorito de Isabel I de Inglaterra. Una nueva ciudad fue reconstruida pero de nuevo destruida por el terremoto de 1755, por lo que los restos más antiguos que han quedado de la ciudad son sus murallas, que aún están en pie. 

 

 

¿Qué visitar en Faro?

 

Faro es una localidad pequeña por lo que su visita puede hacerse fácilmente en un día. La parte más atractiva es su casco histórico, rodeado parcialmente de las antiguas murallas. Se accede a la zona antigua por el Arco da Vila, levantado en el siglo XIX en el lugar que ocupaba la entrada a un castillo medieval. El pórtico es árabe y la estatua de Santo Tomás de Aquino, patrón de Faro, vigila la ciudad.

 

 

En el exterior se encuentra una de las zonas más animadas de la ciudad: el parque Manuel Bivar, donde si hace buen tiempo puedes relajarte y tomarte una cerveza típica portuguesa.

 

 

Esta puerta da acceso a la calle que lleva hasta el Largo da Sé, el corazón de la ciudad antigua.

 

 

En esta apacible plaza se encuentra el Palacio episcopal, del siglo XVIII, y la Sé o catedral, también conocida como iglesia de Santa María.

 

 

La catedral se ubica en el que fuera el antiguo foro romano y donde se construyó la primera iglesia cristiana de esta localidad en tiempos del emperador Constantino. Años después la iglesia visigoda de Santa María de Ossonoba fue sustituida por una mezquita árabe, que en 1251, dos años después de la reconquista cristiana volvería a ser renovada.

 

 

Durante el siglo XV el edificio sufrió nuevas remodelaciones. De esta época data la tumba situada en una de sus capillas laterales y la torre de la fachada.

 

 

Después del devastador incendio que sufrió la iglesia en 1596 y de los ataques de las tropas británicas, de nuevo se reconstruyó el templo esta vez en estilo manierista y barroco, los cuales son notorios en el interior.

 

La entrada cuesta 3,50€ y da acceso al interior de la catedral, al claustro, subir a la torre campanario del siglo XIII, al museo de la catedral y a la capilla de los huesos (1664).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra visita recomendable dentro del casco histórico es el Museo Municipal (gratuito los domingos). 

 

 

Este museo se encuentra en las dependencias del antiguo convento de Nuestra Señora de la Asunción, fundado para las Clarisas de los Pobres por Doña Leonor, hermana del rey Manuel I. El maravilloso claustro renacentista data de 1540.

 

 

Las colecciones arqueológicas del museo pertenecen principalmente a las épocas romana y árabe. Destaca el estupendo mosaico romano del siglo III que representa la cabeza del dios del mar Neptuno, flanqueado por los dioses de los vientos y que fue hallado en Faro cerca de la estación. 

 

 

Faro se halla junto a la reserva natural de la ría Formosa, cuyas marismas proporcionan una gran riqueza económica a la zona, no sólo por el turismo sino también por las granjas de marisco. Este parque natural de más de 170 km² es una importante zona de cría para cientos de aves acuáticas que pasan el invierno aquí y es escala de las aves migratorias que vuelan camino de África. Para aquellos interesados en la ornitología, hay agencias que organizan tours dedicados a la observación de aves. Los barcos de todas las agencias turísticas salen del muelle que está junto al Museo de las Ciencias de Faro.

 

 

Nosotros optamos por contratar nuestro tour por las marismas y las playas de este entorno natural con la agencia Hop on Hop off islands. Esta agencia te permite viajar de forma ilimitada y a tu aire entre tres lugares: Ilha Deserta, Farol y Culatra. Los horarios de ida y vuelta permiten visitar estos tres estupendos sitios tranquilamente durante una jornada. Tiene un coste de 30€ por persona.

 

 

Nuestra primera parada fue Culatra, un tranquilo pueblo de pescadores. Sus casas blancas y su pequeño puerto, donde los pescadores preparan sus redes para salir a faenar, parecen haberse estancado en el tiempo. Esta modesta aldea cuyas casas descansan sobre la arena de playa tiene un supermercado y algunos restaurantes.

 

 

Lo mejor sin duda es su extensa e infinita playa, a la cual se accede por una plataforma de madera.

 

 

Desde Culatra se puede llegar a la isla del Farol bien en el barco de la compañía o caminando desde la playa. Nosotros optamos por la segunda opción y nos fuimos recorriendo la costa hasta Farol. 

 

 

Esta pequeña localidad, más turística que la anterior, toma su nombre del faro del cabo de Santa María, construido en 1851.

 

 

Tiene algunos restaurantes y chiringuitos junto al mar y un bello paseo marítimo.

 

 

De aquí cogimos el barco hasta la última parada, la isla Desierta. Este gran banco de arena constituye una extensa playa por la cual es fácil perderse del resto de turistas. Hay un único restaurante un poco caro en mitad de las dunas. Tras esta última isla cogimos el último barco de vuelta a Faro.

 

 

¿Cómo llegar a Faro?

 

El aeropuerto internacional de Faro es la entrada en avión al Algarve. Desde Madrid  volamos con las aerolíneas portuguesas (TAP) haciendo escala en Lisboa. Desde el aeropuerto se puede llegar a la ciudad en taxi, Uber (8€) o tomar el autobús número 16 (2,35€) y que deja en la estación central de autobuses.

 

 

¿Dónde alojarse?

 

Nuestra opción de alojamiento fue el Aqua Ria Boutique Hotel, un hotel muy bien ubicado en pleno centro de la ciudad y con un estupendo restaurante.

 

¿Dónde comer?

 

Nos encantó el Cataplana's Place (en R. do Bocage 47). Un restaurante local, con un dueño muy amable y donde probamos la cataplana de marisco y pescado, plato típico del Algarve, cocinado en una olla especial de cobre. 

 

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