La ciudad monumental y sagrada de Qazvin

Qazvin es una bonita ciudad, no demasiado impresionante, pero buena base para ver el castillo de los Asesinos y aprender sobre el chiismo, religión principal del país. Durante el siglo XVI esta ciudad fue la capital de Irán, orgullo que le duró poco, ya que después de 50 años el Sha Abbas I transfirió la capital a Isfahán.


Antaño la ciudad se encontraba protegida por unas murallas que hoy en día ya no existen, aunque aún queda en pie algunas de sus puertas.


Ambas puertas son de época Qajar. Esta época proviene de una familia de origen turco que gobernó Irán de 1785 a 1925.


Pueden visitarse también unos baños turcos llamados Gajar, y construidos por Amir Goone Khan Gajari en 1636. La entrada cuesta 50.000R (1,35€) y dentro de los baños se ven decenas de maniquíes que muestran diferentes grupos étnicos del actual Irán.


El caravasar Sa´d al-Saltaneh es considerado el caravasar más grande que puede encontrarse dentro de una ciudad en todo Irán. Los caravasares eran lugares de reposo para las caravanas que hacían largos viajes (ya fuera por comercio, militar o peregrinaje). El viajero podía ahí dormir, recibir alimentos y también guardar sus mercancías.


Los caravasares predominaron y fueron clave sobre todo para la consolidación de rutas comerciales, como la mítica Ruta de la Seda. El caravasar que hoy visitamos es de época Qajar y ha ido creciendo hasta la actualidad, incluyendo un bazar, la Mezquita del Profeta y cientos de rincones y callejuelas donde lo ideal es perderse.


La Mezquita del Profeta en su día fue una construcción de época Safávida (1501- 1736), pero importantes reformas que tuvieron lugar en el siglo XIX han hecho que su arquitectura original se haya perdido.


Las mezquitas persas están conformadas siempre por un patio central cuadrado y cuatro iwans a cada lado. Un iwan es una puerta para entrar a una parte del recinto.


Otro monumento de época Safávida es Ali Qapu. Este nombre hace referencia a los palacios que construyeron los reyes safávidas en diversas ciudades iraníes. En el siglo XVI, la Persia safávida y el Imperio Otomano eran las dos mayores fuerzas en Oriente Próximo y ambos estaban en constante lucha buscando expandir su territorio.


Cuando los persas fueron derrotados por los otomanos en 1639, se vieron obligados a mover su capital de Tabriz a Qazvin, y posteriormente de Qazvin a Isfahán (cada vez más hacia el Este) con el fin de evitar su ocupación. En cada una de estas ciudades los reyes safávidas construyeron sus palacios, y es éste el que podemos ver todavía hoy en día en Qazvin.


Chehelsotoon (palacio de las 40 columnas), es el único palacio que queda en pie del complejo palaciego que existía en la ciudad. Aunque la primera planta es de época Safávida, la segunda es de época Qajar. Este palacio alberga hoy en día un museo de caligrafía.


Otra parte de este complejo palaciego se encuentra más al sur, donde comienza la calle Sepah, supuestamente la más antigua de toda Qazvin.


Si avanzamos por la calle Sepah, nos encontraremos con la mezquita del viernes. Aunque su arquitectura actual es de época Safávida, su construcción original data del 1106 al 1153, y se erigió sobre un antiguo templo del fuego zoroastriano.



Un buen día del siglo IX el imam Reza se encontraba pasando por Qazvin con su hijo cuando éste cayó enfermó y murió en este lugar en el año 816 d.C. Siglos después le construyeron un imamzadeh, que es el equivalente a un mausoleo, pero se utiliza esta palabra solamente para los descendientes de imames.


Para los chiitas hay 12 imames que han sido los sucesores espirituales y políticos del Profeta Mohammed desde su muerte (aunque todavía se espera la llegada del duodécimo). Los suníes no creen en estos imames.


Según fuentes chiíes, la mayoría de imames han sido asesinados por califas suníes y las tumbas de todos, salvo uno, se encuentran en Iraq y Arabia Saudí. El único que está enterrado en suelo iraní es el octavo imam llamado Reza, en la ciudad de Mashad, ahora convertida en ciudad santa. La tumba de Reza recibe millones de peregrinos cada año, así como la de su hermana (Fátima) y el hijo de éste (Hussein) que es la que se encuentra en Qazvin.


El imamzade de Hussein tiene en su entrada seis pequeños minaretes revestidos de azulejos y una cúpula que se asoma por detrás.


Al tratarse de un lugar sagrado las mujeres tenemos que ponernos una especie de manto sobre el velo para poder entrar.



El imamzadeh original fue destruido casi por completo durante las invasiones mongolas, por tanto, lo que vemos actualmente es una restauración. La madera en la fachada es de 1403, mientras que el resto del edificio es de época Safávida y Qajar.


En el interior se encuentra la tumba de Hussein, hijo del octavo imán Reza.​


Dentro de este imamzadeh, como en muchos otros monumentos religiosos iraníes, las paredes están recubiertas por miles de pequeños espejos, lo que da una ilusión óptica bastante hipnótica. Según cuenta la leyenda, el origen de esta decoración se remonta al Imperio Persa, ya que los persas importaban espejos de lugares lejanos y era muy frecuente que les llegaran los espejos rotos. ¿Qué hacían con ellos? A alguien se le ocurrió la gran idea de aprovecharlos para decorar el interior de sus edificios.


¿Cómo llegar?


Los autobuses desde Teherán salen de la estación de Azadi Square, en la West Terminal. La distancia entre Teherán y Qazvin es de 150 kilómetros, y el billete costó 60.000R (1,60€).


¿Dónde alojarse?


En el Hotel Irán, en Azadi Square. Nos costó 1.350.000R por noche la habitación doble con baño y wifi (36,50€).


¿Dónde comer?


En el restaurante Eghbaly, donde el menú con comida tradicional nos costó 222.000R por persona (6€). El restaurante se encuentra en la calle Ayatollah Taleqani y es muy recomendable.

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