Guía de Sarajevo: tierra de sultanes, emperadores y asesinos

May 22, 2018

Esta capital balcánica tiene una interesante herencia, ya que fue una ciudad entre dos grandes imperios que se enfrentaron constantemente: el otomano y el austro-húngaro; el primero buscando expandir su influencia hasta la Europa cristiana, y el segundo buscando frenarla. 

 

Sarajevo hoy en día conserva ambos pasados. Puedes estar en la parte más antigua de la ciudad, la otomana, y fumarte una cachimba o beberte un té mientras escuchas la llamada a la mezquita y mujeres veladas pasan presurosas. Y por la noche, dirigirte a la parte austro-húngara a tomar una cerveza en algún bar frente a la catedral católica, mientras escuchas música rock. 

 

 

Esta mezcla de religiones y nacionalidades le ha permitido a la ciudad ganarse el sobrenombre de la "Jerusalén de Europa" (aunque la verdad es que la comparación le queda un poco grande).  Lo que sí es cierto es que en la capital bosnia conviven sinagogas, iglesias y mezquitas.

 

 

 

¿Cómo llegar y desplazarse?

 

Sarajevo tiene dos estaciones de autobuses, por lo que cuando compres tu billete, asegúrate a cuál de las dos estaciones llegas y de cuál sales. 

 

Por una parte, está la Estación Principal de Autobuses, que se encuentra en la parte de la Federación de Bosnia y Herzegovina (oeste de Sarajevo), y la estación de autobuses Lukavica, ubicada en el lado serbio de la República Srpska (este de Sarajevo). La mayoría de los autobuses provenientes de Serbia, la República Srpska y Montenegro llegan a Lukavica, mientras que la mayoría de autobuses provenientes del resto de Europa llegarán a la Estación Principal.

 

Esta división obedece a que como condición para retirar el ejército serbio, Milosević negoció que el país de Bosnia debería fragmentarse en dos: por una parte la Federación de Bosnia y Herzegovina (habitada por croatas y bosniacos, que comprende el 51% del territorio) y por otra parte la República Srpska (habitada por serbios y que comprende el 49% del territorio del país). Esta frontera (invisible para los extranjeros pero no para los locales) atraviesa Sarajevo dividiéndola en dos, y por ello la ciudad tiene dos estaciones de autobuses.

 

Si vas a tomar un taxi, te recomiendo que antes de subir le pidas al taxista que ponga el taxímetro. La bajada de bandera cuesta 1,50 marcos convertibles (0,75€) y después cada kilómetro cuesta 1 marco convertible ó 0,50€. No deben cobrarte dinero extra por maletas que pesen menos de 10 kilos. 

 

Si no quieres coger un taxi, puedes empaparte de un poco de historia y tomar el primer tranvía que hubo en todo el imperio Austro-húngaro: el de Sarajevo, inaugurado a mitad de la década 1870. 

 

El número 4 te lleva al centro desde la estacióny cuesta 1,60 marcos (0,80€) si lo compras en algún kiosko, o 1,80 marcos (0,90€) si lo compras directamente al conductor.  

 

 

Otra opción es andar hasta el centro (20 minutos aproximadamente). 

 

¿Dónde alojarse?

 

El hostal en el que nos quedamos se llama Travellers Home. Es muy recomendable. Son dos o tres plantas de hostal en un antiguo edificio austro-húngaro equipado con cocina e Internet. Tienen varios tipos de habitaciones a diferentes precios. La habitación doble, sin baño, nos costó 24MK o 12€ la noche con desayuno incluido. El hostal está en la calle Ćumurija, 4, muy cerca del río. 

 

¿Qué ver?

 

Nuestra primera parada fue la maravillosa biblioteca de Sarajevo. Este edificio fue terminado de construir en 1896, cuando Bosnia pertenecía al imperio austro-húngaro, y su arquitecto se inspiró profundamente en las construcciones moriscas de El Cairo y La Alhambra andalusí. Originalmente fue el Ayuntamiento de la ciudad, y en la década de los 50 del s. XX fue también utilizado como biblioteca nacional y de la universidad. No obstante, en 1992, durante el asedio, el edificio sufrió constantes ataques, por lo que cerca del 90% de sus manuscritos y libros se perdieron para siempre, mientras que el edificio fue prácticamente destruido en su totalidad.

 

 

Sarajevo conserva todavía 3 puentes otomanos, y uno de ellos es el puente Šeherćehajina (construido en 1540) y es el que utilizamos para cruzar el río y llegar a Inat Kuća, o la casa del necio

 

Esta casa originalmente estaba donde hoy está el Ayuntamiento. No obstante, su dueño renegaba a que demolieran su hogar para construir el edificio público, por lo que el imperio austro-húngaro, por no dejar que la tozudez de un señor obstaculizara la construcción del gran Ayuntamiento, le pagó unos ducados y cambió toda la casa ladrillo por ladrillo al otro lado del río. 

 

Desde 1997 la casa se convirtió en un restaurante donde se puede degustar comida bosnia.

 

 

Sarajevo se puede dividir más o menos en dos partes: la otomana y la austro-húngara. En la parte medieval otomana lo más famoso e interesante es la Plaza medieval de Baščaršija.

 

Esta plaza, construida por los otomanos, fue el punto de encuentro entre comerciantes provenientes del oriente y occidente, del norte y del sur. A su alrededor, se construyeron mezquitas, baños, bezistanes (mercados), escuelas religiosas, patios públicos y fuentes. Baščaršija comienza a ser el corazón de uno de los centros comerciales más importantes de los Balcanes, convirtiendo así a Sarajevo, junto con Estambul, Salónica (Grecia) y Edirne (Turquía) en una de las ciudades más prestigiosas de esta región.

 

 

Sarajevo se fue convirtiendo en una ciudad de mercaderes ricos, y éstos llegaban aquí con sus largas caravanas. En esta época los mercaderes se sentían más ricos cuanto más larga fuera su caravana. Algunas de las que arribaban a Sarajevo llegaban a tener hasta 3 kilómetros y medio de longitud.

 

No obstante, cuando llega el s. XVIII, y con este siglo los austro-húngaros, la plaza se reduce enormemente. Cientos de sus fuentes y baños públicos fueron destruidos, y solamente un sebilj quedó en pie.

 

El sebilj de Baščaršija es una fuente pública de la época otomana y símbolo de Sarajevo. El actual que podemos ver es una reconstrucción de 1891.

 

 

Esta plaza está rodeada por laberínticas calles que eran donde antiguamente los mercaderes vendían sus artículos. 

 

Durante la época de los otomanos, toda esta zona de mercado estaba dividida por gremios. La calle Kazandžiluk es la única que ha mantenido al mismo gremio desde la Edad Media: los orfebres. Aquí se pueden ver hermosos platos y otros objetos ricamente trabajados.

 

 

Durante el asedio de Sarajevo, entre 1992 y 1995, los artesanos consiguieron mucho material para trabajar, ya que con los casquillos de balas y la envoltura de latón de artillería pesada han fabricado desde bolígrafos hasta bases para mesas de salón.

 

 

Mucha de la belleza de la Sarajevo otomana se debe a Gazi Husrev-bey, un guerrero y conquistador que mantuvo a raya a los cruzados en muchas batallas. Toda la fortuna que amasó Gazi Husrey-bey la donó a la ciudad durante el siglo XVI a través de construcciones públicas. 

 

Muchos de estos grandiosos edificios históricos se encuentran sobre la calle Sarači. Esta calle se llama así por la actividad que tenía históricamente: la de los marroquineros que trabajaban el cuero para hacer cinturones donde colgaban las espadas (talabartes o sarači en turco).

 

Entre los edificios que se encuentran en esta calle, está la mezquita Gazi Husrev-bey. Es impactante, aunque desde afuera no se logran apreciar sus dimensiones. Esta mezquita data de 1530 y fue construida con dinero de este conquistador. Por dentro tiene un enorme domo de 26 m. de altura, y por fuera un largo minarete de 47 m. de altura. El recinto de la mezquita además comprende una escuela coránica, una biblioteca y una enorme fuente para hacer las abluciones.

 

 

A un costado de la mezquita se encuentran las tumbas de Gazi Husrev-bey y de su gestor Murad-bey Tardić. 

 

 

La mezquita durante la guerra de los 90 fue fuertemente atacada, aunque ya ha sido reconstruida y está en uso. 

 

El Sahat Kula, o la Torre del Reloj, que se ve desde la mezquita, es una torre de aproximadamente 50 m. de altura del s. XVII. Este tipo de relojes se erigieron en varios puntos de la parte europea del imperio otomano, lo que invita a pensar que es una mezcla de arquitecturas y necesidades; ya que la función de dichos relojes era mostrar a los practicantes musulmanes la hora del rezo.

 

La gracia que tiene éste es que es el único reloj público en el mundo que muestra la hora basándose en el calendario lunar.

 

 

Otra de las edificaciones particulares de la época otomana son los bezistán, que son mercados cubiertos. Actualmente en Sarajevo quedan dos: el Bezistán Brusa, de 1551 y que hoy alberga parte del Museo de Sarajevo; y el otro bezistán es el de Gazi Husrev-bey, construido entre 1537 y 1555. Este bezistán tiene 109 metros de largo y alberga decenas de tiendas con artículos para turistas.

 

 

A un lado de este bezistán se encuentra el han que Husrev-bey construyó: el Tašli han. Los han, o caravansais, son los lugares donde los antiguos mercaderes provenientes de otros lugares solían guardar sus mercancías y pasar la noche. Este albergue tenía capacidad para 90 huéspedes y 70 caballos. Cada habitación tenía su propia chimenea, y a diferencia de otros hans, éste era totalmente gratuito. Desafortunadamente hoy en día lo que queda son solo ruinas.

 

 

Un poco más al norte se encuentra otra edificación histórica, la Madrassa Kursumlija-Seldžukija. Esta escuela secundaria religiosa fue construida en 1537 gracias al dinero que donó Gazi Husrev-bey.

 

 

Esta escuela fue una de las mejores a nivel europeo en su época de apogeo hace ya algunos siglos. Llegó a tener entre sus paredes una colección bastante importante de libros y manuscritos que hoy se encuentran protegidos en el edificio moderno que podemos ver al lado. Manuscritos antiguos de ciudades importantes como El Cairo, Bagdad, la Meca, Medina o Estambul y que fueron protegidos y salvados durante la guerra de 1992-1995. 

 

 

Para cambiar de época y visitar los monumentos del imperio austro-húngaro hay que tomar la calle Sarači y recorrerla. La misma calle cambia de nombre por Ferhadija, y es justo aquí cuando dejamos atrás 550 años de historia otomana y tenemos delante de nosotros cuatro décadas de monarquía austro-húngara.

 

La arquitectura cambia. Uno deja atrás las mezquitas y bazares, para encontrarse con edificios de estilo europeo, bares, y tiendas de marcas occidentales.

 

Durante el periodo austro-húngaro se construyeron numerosos edificios, como: el Pabellón de la música, el Ayuntamiento, Teatro Nacional, escuelas, Correos, entre otros. También, a partir de esta época fue cuando la población de Sarajevo comenzó a escribir con el alfabeto latino.

 

Y mientras esta época se sucedía, en 1914 muere asesinado el Archiduque Francisco Fernando de Austria, evento que desencadenaría la Primera Guerra Mundial. Él y su esposa estaban de visita por la ciudad, cuando Gavrilo Princip, un serbio en contra de la ocupación austro-húngara, mató de un disparo al archiduque. 

 

 

El lugar exacto donde esto ocurrió alberga hoy un museo, cerca del Puente Latino, de 1565.

 

 

De la puerta de este museo salen los tours políticos sobre el conflicto bosnio de los 90. Lo contratamos con la compañía Sarajevo Insider. El tour cuesta 27€ por persona y dura unas 3 horas. Incluye un guía, vistas panorámicas de la ciudad, y transporte y visita al Túnel, que se excavó con el fin de pasar armas, medicamentos, comida y personas. 

 

Una de las escenas más comunes en Sarajevo desgraciadamente son los cementerios. Se encuentran a montones. Durante el asedio de la ciudad, de 1992 a 1996, 11.541 personas murieron, por lo que los cementerios de la ciudad no daban abasto. Hay tumbas por todas partes de la ciudad, incluso en parques y en estadios de fútbol, como es el caso del improvisado cementerio Shahid, que tuvo que hacerse en un estadio cercano al famoso estadio Koševo, donde se celebraron las olimpiadas de 1984.

 

 

En el parque Velikihay se encuentra un monumento con los nombres de los casi 1.500 niños que murieron durante la guerra.

 

 

Para llegar hasta el Túnel, se tiene que recorrer el Bulevar Mese Selimovica, coloquialmente conocido como la Avenida de los Francotiradores. Esta avenida es la que une la ciudad con el aeropuerto, y es llamada así porque era donde la mayoría de los francotiradores estaban apostados, y porque los propietarios de las casas de esta zona eran serbios, por lo que éstos con facilidad prestaban sus casas a los soldados serbio-bosnios.

 

En los 90 la avenida se encontraba obstruida con contenedores, coches, autobuses y tranvías quemados. Cualquier vehículo o persona que pasara por ahí, militar o civil, era disparado por los soldados. La única forma que había para circular sobre esta avenida era utilizando los coches blindados de las Naciones Unidas para utilizarlos como escudo, o pasando rapidísimo con el coche y esquivar tiros y cañonazos. 

 

 

Algunos kilómetros después se llega al Túnel. Está en un barrio de vecinos, puesto que el corredor fue cavado de una casa a otra.

 

 

El túnel tiene 760 metros de largo y tomaba aproximadamente dos horas cruzarlo a pie. Ya que Sarajevo se encontraba totalmente rodeada por francotiradores y artillería pesada, la galería se excavó para poder tener una salida. No se buscaba tanto que todos los ciudadanos de la ciudad pudieran escapar, sino que más bien el túnel permitiera pasar armas, medicinas, alimentos, etc., ya que la ciudad en estos momentos no tenía ni electricidad, ni agua potable, ni gas, y su población estaba luchando contra el hambre, bombardeos, y francotiradores.

 

 

El corredor estaba custodiado por el ejército bosnio y no cualquiera podía pasar. Se necesitaba un permiso especial o pagar una importante suma de dinero. Hoy en día, uno puede pagar 10 marcos convertibles (5€) y ver el museo, así como atravesar parte del túnel.

 

Después de esta interesante excursión, que toma una mañana, se pueden visitar otros lugares de interés como el pequeño mercado que está sobre la calle Mustafe Bašeskije, cerca de la catedral católica. 

 

 

En este mercado fue donde aquél fatídico día del 5 de febrero de 1994, al mediodía cuando más gente había, cayó un mortero matando a 68 personas e hiriendo a 144.

 

 

Hoy en día se conserva el lugar donde cayó el mortero, así como una placa con los nombres de las víctimas.

 

 

No muy lejos caminando se encuentra otro mercado, que sería bombardeado unos meses después y donde cayeron 5 morteros.

 

 

Hay también un agujero que dejó alguno de los morteros que mataron a 43 personas e hirieron a 84.

 

 

Por las calles de la ciudad pueden observarse las Rosas de Sarajevo. Cada vez que caía un mortero, los residentes se apresuraban a rellenarlos con pintura roja, para que quedaran como parte de la memoria histórica de lo acontecido. 

 

Hoy en día todavía pueden verse varias por Sarajevo, y aunque a algunas se les está cayendo la pintura, todavía son muy visibles.

 

 

La catedral católica de Sarajevo, de 1884, tampoco escapó a los embistes de la guerra, ya que en las puertas de su edificio encontramos también una Rosa de Sarajevo, que amenazadoramente recuerda a los paseantes lo peligroso que en era, no hace tanto tiempo, caminar por sus calles.

 

 

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