Viaje a Bubastis, el antiguo templo de la diosa Bastet

Durante el tiempo que viví en Egipto tuve la oportunidad de hacer un buen número de excursiones y viajes por el país, recorrí desiertos negros y blancos, templos milenarios, oasis, lugares de batallas históricas… pero una de las excursiones que más me gustó fue la visita a Bubastis, la que había sido capital del XVIII nomo del Bajo Egipto y cuyos restos aún pueden verse en la zona oriental del delta del Nilo. En esta importante ciudad se rindió culto durante miles de años a la diosa felina Bastet y los peregrinos acudían en masa a participar en su procesión anual o consultar a su oráculo.



Esta excursión puede hacerse perfectamente en un día desde el Cairo, es tiempo más que suficiente para ver los restos que aún quedan en la antigua Bubastis y dar una vuelta por la ciudad moderna Zagazig, que se encuentra junto a las ruinas.


La excursión comenzó un viernes por la mañana en El Cairo. Las opciones para llegar a Zagazig y de ahí a Bubastis en transporte público son el autobús o el tren, nosotros nos decantamos por el ferrocarril por lo que nos dirigimos a la estación de trenes de Ramsés (Mahattat Ramses), la principal de El Cairo. De ahí salen los trenes con dirección a Port Said, que son los que hacen parada en Zagazig. Hablar de un horario de trenes en Egipto sería arriesgado pues los retrasos e impuntualidades son frecuentes. Nuestra idea era tomar el tren de las 8.45 pero al final acabamos esperando unas dos horas porque el tren venía con retraso. El caos que reinaba en la estación era tremendo: personas andando por las vías, trenes atestados de gente, personas subiéndose a los trenes en marcha…


Por suerte no tuvimos problemas para poder subir a nuestro tren una vez llegó. Íbamos en vagones de segunda clase, en asientos sin numerar, y los 80 kilómetros de viaje se nos hicieron muy amenos conversando con los egipcios que teníamos sentados alrededor, personas muy amables e incluso uno de ellos se empeñó y al final nos pagó los billetes. Los tickets se compran en el mismo tren al revisor y costaron 20 libras egipcias por persona (menos de 1 euro).


Más o menos a la hora y media de viaje llegamos a Zagazig y en la misma salida de la estación cogimos un autobús para Bubastis. También se puede coger un taxi que te lleve hasta el yacimiento, pero preferimos un autobús urbano que nos recomendaron en la misma estación y que sólo costaba 1 libra. El conductor nos indicó donde debíamos bajarnos y la verdad es que a los 10 minutos ya estábamos en Bubastis.

Los restos de Bubastis decepcionarán a cualquiera que vaya con la idea de encontrar templos impresionantes o edificios en pie como los de Edfú o Abu Simbel. La zona arqueológica es una inmensa explanada con cientos de piedras desperdigadas por el suelo que algún día sostuvieron el monumental templo de la diosa Bastet. Bubastis era el centro de adoración de esta divinidad, que los griegos identificaban con Artemisa. El gato era el animal sagrado de la diosa, a la que se representa con cabeza de gato o de leona y acompañaba con frecuencia al dios Ptah en las inscripciones monumentales. La misión de Bastet era proteger el hogar y simbolizaba la alegría de vivir, pues se consideraba la deidad de la armonía y la felicidad.


La entrada al recinto arqueológico nos costó 20 libras por persona, más la propina que luego le tuvimos que dar al policía que nos acompañó todo el tiempo y que más o menos y en un inglés bastante malo nos dio algunas explicaciones sobre el lugar.

Durante la IV dinastía el faraón Keops y su hijo Kefrén iniciaron la construcción de este templo dedicado a la diosa gata Bastet, que sería ampliado durante los 1500 años siguientes. Bubastis fue además capital del antiguo Egipto durante las dinastías XXII y XXIII.


En el siglo V a. C., el historiador griego Heródoto realizó una descripción de la ciudad y de los peregrinos que acudían a rendir culto a la diosa Bastet. En sus textos se hace mención a las grandes fiestas, con danzas y sacrificios que se realizaban en honor a la diosa y que congregaban a miles de personas. El festival de Bubastis era uno de los más alegres y magníficos de todo el calendario egipcio según lo descrito por Heródoto:

“Las barcas, llenas de hombres y mujeres, flotaron cauce abajo por el Nilo. Los hombres tocaban flautas de loto, las mujeres címbalos y los panderos, y quien no tenía ningún instrumento acompañaba la música con palmas y danzas. Bebían mucho y tenían relaciones sexuales. Esto era así mientras estaban en el río; cuando llegaban a una ciudad los peregrinos desembarcaban y las mujeres cantaban, imitando a las de esa ciudad. Cuando alcanzaron Bubastis celebraron un solemne banquete: se bebió más vino en esos días que en todo el resto del año. Tal era la costumbre de este festival; y se cuenta que casi setecientos mil peregrinos celebraban el banquete de Bastet”.


Una vez vistos los restos arqueológicos, algunos de ellos colocados y explicados en un pequeño museo al aire libre, nos dirigimos al cementerio de gatos que está junto al recinto arqueológico. Aquí se pueden ver algunas galerías subterráneas y restos de tumbas que en su día albergaron miles de gatos momificados que servían como ofrenda a la diosa. Todas las tumbas están lógicamente vacías y algunas en bastante mal estado, sin embargo, los arqueólogos han encontrado en esta necrópolis algunas valiosas estatuas de bronce del sagrado animal.



Cuando terminamos de recorrer el recinto y de ver el cementerio de gatos nos volvimos caminando hacia la ciudad de Zagazig, tomando una serie de avenidas en dirección noroeste hacia el centro de la ciudad, que está relativamente cerca, a unos 20 minutos andando.


Zagazig fue erigida hacia 1830 para albergar a los trabajadores de las esclusas del Nilo y la verdad es que es una ciudad bastante insulsa, destaca únicamente por ser la ciudad natal de Ahmed Orabi, el nacionalista que lideró la revuelta de 1882 contra los británicos y cuya orgullosa estatua puede verse frente a la estación de trenes.

Ya por la tarde volvimos a la misma estación de tren de Zagazig, a la que habíamos llegado por la mañana, para emprender nuestro viaje de regreso. Hay unos trece trenes diarios para El Cairo así que no tuvimos problema para volver, simplemente nos presentamos en la estación y esperamos a que pasara el siguiente tren. Finalmente, sobre las siete y después de esperar unos tres cuartos de hora, tomamos nuestro tren de regreso, llegando a nuestro destino una hora y media más tarde.

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