Los Surma, viaje el pueblo más inaccesible y bello de Etiopía

Los Surma, o Suri, son uno de los 16 pueblos que viven en el Valle del Omo, aunque su territorio está más aislado que el resto de etnias, ya que se asientan al suroeste del país, no muy lejos de la frontera con Sudán del Sur. Para llegar desde Jinka hasta su ciudad más importante, Kibbish, hay que atravesar el Parque Nacional del Omo, lo cual no es tarea fácil ya que apenas hay carreteras y las que hay están en un estado deplorable. Es necesario alquilar un 4x4 con conductor (150 dólares por día) para que te lleve hasta allí. El viaje, especialmente yendo sola, sale bastante caro pero merece la pena poder visitar este pueblo, todavía no contaminado por el turismo masivo, y conocer a su maravillosa gente.


Salimos desde Jinka con mi conductor Lalo, su 4x4 rojo y mi guía local Chuna. Nos levantamos pronto, desayunamos y nos fuimos a comprar algunas cosas para la cena y desayuno del día siguiente en un supermercado. Compramos pan y agua de camino y nos enfilamos hacia Keyafar, pasamos por Turmi y de ahí hasta Nyangaton, donde paramos para comer injera con carne, la comida etíope más común.


Seguimos nuestro camino hasta el parque nacional del Omo, rodeados de un paisaje verde y frondoso. Por el camino puede verse una de las siete fábricas de azúcar que el gobierno está construyendo en el valle, así como la carretera que las une a todas, que está siendo construida por compañías chinas.


Llegamos al parque al atardecer, vimos algunos antílopes, pájaros y poco más. Acampamos en una zona de camping muy básica y cenamos algo de lo que habíamos comprado en Jinka bajo un cielo repleto de estrellas. Fuera de las tiendas se quedaron dos scouts del parque toda la noche velando por nuestra seguridad, es obligatorio.


Nos levantamos al alba y recogimos todo para ponernos en marcha hacia Kibbish. Tuve que pagar 200 birr (5,90€) a cada scout, más la entrada al parque, más la tienda.


Nos montamos en el coche y recorrimos un buen tramo dentro del parque nacional, pero solo pudimos ver algún pequeño antílope y muchas aves. Se supone que en el parque hay leones, elefantes, búfalos… La carretera estaba fatal, con mucho fango, menos mal que Lalo es todo un experto conductor, aún así tuvimos que parar a cambiar una rueda y de paso aprovechar para desayunar.


Nos pusimos en marcha enseguida por la horrible carretera llena de piedras resbaladizas hasta que por fin llegamos a Kibbish sobre las 12. Nos alojamos en un hotel muy básico, el único que hay, que cuesta 70 birr la noche (2€). Hay también un sitio de acampada a las afueras del pueblo, pero decidimos quedarnos en el hotel porque amenazaba lluvia.


La ciudad de Kibbish es realmente auténtica y todavía no ha llegado la electricidad. Los Surma que viven aquí, o en las aldeas de alrededor, se parecen mucho a los Mursi, tienen tradiciones similares y un idioma común. Este pueblo tiene una economía básica de subsistencia y trueque. Su riqueza se basa en su ganado, y la principal fuente de alimento es el producto de sus propios cultivos, especialmente sorgo, maíz, mandioca, repollo, judías, ñames, especias y algo de tabaco. Durante la estación seca, los Suri también recolectan miel.


A una edad temprana, y para embellecerse para el matrimonio, la mayoría de las mujeres se extraen los dientes inferiores y se perforan los labios para permitir la inserción de un disco de arcilla. Visten con mantas verdes o azules y llevan collares y pulseras para adornarse.


Nos dimos un paseo por Kibbish, que no es muy grande, y conocimos a nuestro guía Adamo y a nuestro scout, que son obligatorios. Volvimos al hotel a negociar con ellos los precios, me pareció todo muy caro, al final tuve que pagar 400 birr (12€) al día de tasa para el gobierno, más 400 birr (12€) por día al guía, más 250 birr (7€) al scout armado, más 200 birr (5,90€) por entrar en cada aldea, más 5 birr (0,15€) por cada retrato fotográfico.


Esta zona es mucho más auténtica que otros lugares del Omo, menos influenciado por lo exterior y por el turismo, dada su dificultad y tiempo que se emplea en llegar hasta aquí. Por la tarde cogimos el coche y nos fuimos a ver una aldea cercana que estaba llena de niños pintados y decorados para la ocasión, los adultos estaban en los campos de cultivo, con sus animales o en la ciudad. Aún así pude pasar un buen rato con ellos y hacer fotos de los nenes entre los maizales y las montañas verdes de fondo.


Al día siguiente nos fuimos con nuestro guía local Adamo y el scout a la misma aldea de la tarde anterior, pero esta vez, como había más gente, tuve que pagar los 200 birr (5,90€) reglamentarios de entrada. Había un gran número de mujeres y niños que se pintaron y decoraron con flores y objetos, todo por salir en la foto y ganarse 5 birr. Son gente muy amable, bellísimos y unos artistas de la pintura.


Fabrican los colores con los que se pintan de distintas piedras del río, de color blanco, marrón y negro, las machacan y mezclan con agua sobre una piedra lisa y se pintan usando a veces el tapón de las botellas para dibujarse círculos o la base de una planta para hacerse decoraciones en forma de estrellas.


Por la tarde me fui con Adamo y el scout caminando hasta una choza cercana a Kibbish, donde una mujer que se dedica a hacer las escarificaciones. Pagué 200 birr (5,90€) por ver cómo las hacía y pasar un buen rato con ellos.


Los Surma se enorgullecen de sus cicatrices y de la cantidad de ellas que tienen. Las mujeres realizan estas escarificaciones decorativas cortando la piel con una cuchilla de afeitar después de levantarla con una espina. Una vez cortan la piel, la parte restante se deja que se infecte y así se crea la cicatriz. Los hombres tradicionalmente marcaban sus cuerpos después de haber matado a alguien de un grupo enemigo. Se supone que estos rituales, que son extremadamente dolorosos, eran la forma de lograr que el joven Suri se acostumbrase a ver sangre y a sentir dolor.

Al día siguiente por la mañana Adamo nos llevó al río, un lugar precioso entre montañas y con prados verdes alrededor.


En este río había un gran número de personas bañándose y lavando su ropa. Los hombres se pintan y decoran aquí ya que no pueden hacerlo en la aldea. Había mucha gente pintada y decorada esperando a ser retratados.


Al terminar el guía nos llevó a otra aldea, donde todos se pintaron y decoraron para mis fotos, especialmente los niños, encantadores y muy alegres.


Un ritual que los Suri se toman muy en serio es la pelea con palos. Se dice que es una de las competiciones más feroces en todo el continente africano. En la mayoría de los casos la pelea se realiza para que los jóvenes puedan demostrar su masculinidad y encontrar esposa, aunque también sirve para dirimir conflictos personales. Es la forma en la que los hombres jóvenes prueben su coraje, virilidad y resistencia al dolor ante las mujeres jóvenes del poblado. Este ritual se llama Donga o Zagne. La pelea con palos es muy importante en la cultura Suri y está terminantemente prohibido por el gobierno la asistencia de extranjeros a esta ceremonia.


Al día siguiente, sobre las 5.30 de la mañana, iniciamos el camino de regreso. Lalo, nuestro conductor, quería salir temprano por miedo, ya que hace unos meses mataron a un conductor para robar a los turistas que llevaba. Salimos de noche camino de Nyangaton. En el parque nacional del Omo, en un bache enorme, el coche se quedó atrapado por el lodo. Con la pala, grandes esfuerzos y después de un buen rato conseguimos que el coche se moviera. Seguimos a través del parque, entre antílopes, avestruces y decenas de pájaros de colores hasta Nyangaton, donde paramos para comer y pasar la noche en un pequeño hotel cuya habitación costaba 300 birr (9€).


Nos levantamos temprano al día siguiente para llegar a Jinka por la tarde, donde terminó esta asombrosa aventura al corazón más impenetrable y colorido de África.


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