Archipiélago de las Quirimbas: manglares, fortalezas y boa gente

March 4, 2018

Las islas Quirimbas se encuentran en el Océano Índico, al noreste de Mozambique, cerca de Pemba, la capital de la provincia de Cabo Delgado. Las Quirimbas tienen alrededor de 32 islas, incluidas Ibo y Quirimba, que da nombre al archipiélago.

 

 

Originalmente este lugar acogió asentamientos pesqueros, la población de las islas fue creciendo alrededor de los puestos comerciales árabes y prosperó bajo las rutas comerciales portuguesas cuando era conocida como Ilhas de São Lázaro (Islas de San Lázaro) durante el siglo XVI.

 

 

Los comerciantes árabes llegaron a Ibo mucho antes que los europeos, probablemente ya en el siglo VII, cuando comenzaron a dedicarse al comercio de esclavos, oro y marfil.

 

El contacto europeo llegó a principios del siglo XVI, se piensa que Vasco da Gama descansó brevemente aquí en su ruta hacia las Indias. Cuando los portugueses comenzaron a ocupar ciudades en en el archipiélago, como Ibo, los árabes huyeron a otras partes de la isla para poder operar. Los mercaderes árabes se negaron a comerciar con los portugueses, por lo que se sucedieron diversos ataques entre ambos en los que hubo numerosas bajas y se destruyeron una gran cantidad de bienes árabes. La isla estuvo bajo el control de los portugueses hasta que Mozambique obtuvo su independencia en 1975. Antes de la independencia, solo cuatro de las 32 islas estaban habitadas, hoy en día hay muchas más.

 

 

Estas islas son conocidas por sus espectaculares sitios de buceo, algunos realmente profundos. El Parque Nacional de Quirimbas, que abarca un área de 7.500 kilómetros cuadrados incluye las 11 islas más al sur, que están parcialmente rodeadas por manglares. El parque fue establecido en 2002 como un área protegida.

 

 

La isla de Ibo es la más desarrollada y donde se encuentran la mayoría de hoteles y restaurantes. Es también la más interesante históricamente hablando, pues sus calles evocan el pasado colonial de la isla y sus tres fortalezas nos recuerdan el pasado belicoso de esta área.

 

 

Ibo no es muy grande y sus zonas de interés se pueden recorrer a pie, ya que además en la isla no hay coches. Lo mejor es perderse por las calles de esta localidad e ir descubriendo sus avenidas coloniales y sus mercados, a los que las mujeres acuden con la cara pintada de musiro, una pasta blanca que se saca de la raíz de un árbol y que protege el rostro del sol y de la sequedad.  

 

 

En esta pequeña localidad hay también una antigua iglesia de época colonial alrededor de la cual las cabras pastan plácidamente.

 

 

Ibo fue fortificada ya en 1609 y en 1763 fue reconocida como ciudad oficial por los portugueses. A fines del siglo XVIII se había convertido en una de las ciudades más importantes de Mozambique, ya que la isla era un estratégico punto de exportación en el comercio de esclavos, debido a la demanda impulsada por los propietarios de plantaciones de azúcar en Mauricio y en otros lugares alrededor del Índico.

 

 

Caminado se llega a la fortaleza de São João Baptista, la más grande y mejor conservada de la isla. La entrada cuesta 50 meticais (0,65€). Dentro del recinto hay artesanos trabajando la plata y el ébano, o como lo llaman ellos pao preto, realizan esculturas makonde realmente bonitas y a muy buen precio.

 

 

Este fuerte portugués fue construido en 1791 y ha soportado a lo largo de su historia ataques de barcos franceses y holandeses. También fue una prisión durante la guerra de independencia. Tiene bonitas vistas al mar, un bello patio y una pequeña iglesia.

 

 

La segunda fortaleza se encuentra también frente al mar y es el fortín de San José, más pequeño y construido por los portugueses en 1760.

 

 

Y hay un tercer fortín portugués en la ciudad aunque está cerrado y no se puede visitar.

 

 

Una de las excursiones que no hay que perderse, y que lleva todo un día, es a la cercana isla de Quirimba. Para esta excursión hace falta contratar un guía, ya que es la forma más conveniente de hacerlo. Nosotros contactamos con Benjamín, un guía local que tiene un pequeño restaurante con su nombre en Ibo. Todo el mundo le conoce así que es fácil dar con él. La manera más barata de hacer esta excursión es ir con más gente y compartir los gastos, nosotros al final nos juntamos tres y pagamos 830 meticais por persona (11€), con la comida incluida.

 

La excursión comienza a las 5.30 de la mañana, pues hay que aprovechar la bajada de la marea para adentrarse caminando entre uno de los bosques de manglares más grandes de África.

 

 

La caminata hasta la cercana isla de Quirimba transcurre por unos senderos resbaladizos llenos de limo y barro, por suerte Benjamín nos prestó unas botas especiales para andar por las rocas y entre las raíces.

 

 

Por el camino van mujeres que llevan sobre sus cabezas fardos de madera de manglares secos para cocinar, pescadores de cangrejos, gente que se traslada de una isla a otra...

 

 

Hay varios caminos entre los manglares y están bastante concurridos, aún así el rastro se pierde fácilmente, por eso es imprescindible ir con un guía.

 

 

Caminamos cerca de tres horas hasta llegar a la isla Quirimba, el último tramo se hace atravesando canales en mar abierto y, aunque la marea está baja en estos canales, nos tuvimos que poner la mochila sobre la cabeza porque el agua llegaba hasta la cintura.

 

 

Una vez se llega a Quirimba hay tiempo libre para bañarse en el transparente Índico, pasear por la playa y observar a los pescadores que se preparan en sus dhows (barcos tradicionales) para cuando la marea suba salir a pescar, jugar con los niños que buscan conchas en la arena...

 

 

Una de las delicias de esta isla son los cocos. Los cogen directamente del cocotero y los cortan y preparan en un momento, realmente exquisitos. También pudimos degustar un plato típico de pescado en un modesto restaurante frente al mar.

 

 

Cuando terminamos de comer Benjamín nos enseñó el pueblo, donde destaca un enorme baobab en la avenida principal.

 

 

Visitamos el mercado y las modestas casas hechas de adobe y cubiertas por hojas de palmera.

 

 

Hay también una antigua iglesia en ruinas.

 

 

Cuando finalizamos el recorrido por la pequeña localidad volvimos a la playa donde un dhow nos esperaba para llevarnos de vuelta a la isla de Ibo. Estas embarcaciones construidas de madera de manglar eran los barcos de vela que utilizaban los mercaderes árabes cuando comerciaban por el Índico, eran naves de carga, en las que transportaban desde pescado y grano hasta esclavos y oro.

 

 

El dhow nos llevó a través de los manglares por los que antes habíamos caminado, pero que ahora con la marea alta estaban completamente anegados por el agua. Los canales por los que navegamos fueron construidos por los portugueses para facilitar el acceso a sus barcos.

 

De vuelta en Ibo merece la pena acercarse hasta el muelle para ver el atardecer sobre el Canal de Mozambique y disfrutar de una animada charla con los niños que juegan por la playa, o con los pescadores que con sus cañas procuran pescar algún esquivo pez antes de que se oculte el sol.

 

 

¿Cómo llegar y salir de las Quirimbas?

 

Para llegar a las Quirimbas desde Pemba hay que coger primero una chapa (transporte local compartido, que puede ser un minibús o una camioneta) hasta Quissanga. La chapa sale de la avenida principal de Pemba, no hay parada señalizada ni estación, por lo que es preciso preguntar hasta dar con el lugar exacto desde donde salen las chapas todos los días hacia el archipiélago. Se supone que parten sobre las 4 de la mañana así que es necesario madrugar y dirigirse a la avenida hasta que pase alguna gritando el nombre de Ibo o Quissanga. La que yo cogí era una camioneta y me tocó ir en la parte descubierta de atrás, muy incómodo porque además la llenan de gente y mercancías hasta que no queda un centímetro libre. El viaje cuesta 300 meticais (unos 4€) y es por pista de tierra.

 

Una vez en Quissanga la chapa suele ir un poco más allá, hasta el muelle donde se cogen los barcos para la isla de Ibo. El barco, al igual que la chapa, lo llenan hasta arriba de gente y mercancías. El trayecto hasta Ibo cuesta 70 meticais (0,90€) y toma unos 40 minutos.

 

 

Para volver a Pemba desde las Quirimbas hay que hacer el mismo trayecto, primero el barco y luego la chapa. Es importante preguntar en el hotel la hora de salida del barco hacia Quissanga, pues el horario varía en función de las mareas. Una vez en el muelle hay chapas esperando para salir hacia Pemba.

 

¿Dónde alojarse en Pemba?

 

Uno de los lugares más económicos y limpios es el Residencial Lys, en pleno centro de la ciudad y cerca de restaurantes y de la avenida principal donde paran las chapas. La habitación con baño compartido cuesta 700 meticais por noche (9€). No tiene wifi.

 

¿Dónde alojarse en Ibo?

 

La opción más económica es el hostal Karibuni, que está cerca del centro. Tiene una parcela para acampar y distintos tipos de habitaciones. La habitación con baño compartido cuesta 400 meticais (5€) y el bungaló con baño individual cuesta el doble. Preparan comidas y el personal es muy amable.

 

¿Dónde encontrar wifi?

 

Los resorts y hoteles de lujo de la isla cuentan con conexión a internet. El hotel Cinco Portas tiene una agradable terraza donde es posible conectarse mientras se disfruta de una Manica, la cerveza local.

 

¿Dónde comer?

 

En la mayoría de restaurantes locales es recomendable pedir la comida con antelación, pues no suele haber clientes. En el hostal Karibuni, avisando con tiempo, preparan ricos platos de pescado con arroz con coco y ensalada. También un contundente desayuno a base de chapati (pan de origen indio que cocinan en el mismo hostal) y judías pintas por solo 20 meticais (0,26€).

 

 

En el restaurante de Benjamín, nuestro guía, su mujer y él preparan unos deliciosos platos locales a base langosta, matapa (un plato típico de Mozambique), pulpo, plátano frito, casava (una especie de yuca o mandioca), anacardos… Y también se puede degustar el café local de Ibo, que ellos mismos cultivan y producen.

 

A tener en cuenta:

 

  • En las islas no hay cajeros automáticos, al menos cuando yo fui en 2017, por lo que hay que llevar todo el dinero en metálico.

  • Es un buen lugar para adquirir las famosas esculturas de ébano, ya que son baratas y de buena calidad. También tienen fama los objetos de plata que elaboran los artesanos locales, especialmente collares, pendientes, pulseras y anillos.

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