El tren mágico de Nampula a Cuamba y Gurué, la región del té

En Mozambique no solo se puede disfrutar del turismo de playa y sol en la maravillosa costa índica, también hay otras regiones del interior con paisajes idílicos que merece la pena visitar.


En la provincia de Zambezia se encuentra Gurué, la zona con más plantaciones de té del país, se calcula que el 90% de la economía de esta región procede de esta apreciada planta. Es una zona verde y fresca cerca de la frontera con Malawi, de difícil acceso en transporte público, pero a la que es muy recomendable aventurarse.


La mejor forma de llegar a Gurué es empezar el viaje en Nampula, en la zona norte del país. Desde aquí sale un tren con destino a Cuamba que merece la pena tomar, pues es una forma muy interesante de ir adentrándose hacia el interior del país, de ir viendo distintos paisajes y aldeas desde la ventanilla. El tren sale tres días por semana: martes, jueves y sábados a las 4 de la mañana, pero hay que presentarse una hora antes en la estación. El asiento en primera clase, el más recomendable por ser el más cómodo, ya que el trayecto dura unas 10 horas, cuesta 600 meticais (8€). Hay que comprar el billete el día anterior en la oficina de la misma estación de ferrocarril, en horario de 14 a 17h.


El trayecto en tren comienza de noche, pero cuando amanece y empieza a clarear se empieza a vislumbrar a través de la ventanilla unas inmensas rocas graníticas, de formas fantásticas, envueltas en una neblina que les da un aire de lo más misterioso y sobrecogedor.


El tren pasa entre aldeas rurales con niños que saludan y corren tras los vagones, verdes campos de cultivo, ríos donde las mujeres lavan ropa, palmerales...


Cuando el tren para en alguna ciudad importante se arremolinan detrás de las ventanillas decenas de vendedores de plátanos, naranjas, ajos...


Sobre la una de la tarde se llega a Cuamba, una pequeña población sin mucho interés, en la que sin embargo hay que hacer noche para salir al día siguiente hacia Gurué.


En una de las calles principales y a unos 10 minutos andando de la estación se encuentra la pensión Sao Miguel, donde se puede pernoctar por 1000 meticais (13€).

Por la mañana temprano salen chapas (minibuses) desde la estación de Cuamba (al otro lado de las vías del tren) hacia Gurué. Hasta que la chapa no se llena hasta los topes no sale, por lo que se puede estar esperando horas. El billete cuesta 300 meticais (4€). El trayecto discurre por un camino de tierra entre chozas y aldeas campesinas, el paisaje es verde y la carretera suelta kilos de polvo. Por el camino se ven algunos tanques abandonados, vestigios de la guerra civil entre el Frelimo y el Renamo, que en esta zona causó estragos, de hecho el área de Gurué ha estado minada hasta hace poco.

Gurué es una pequeña ciudad rodeada de plantaciones de té y con una infraestructura muy básica, ya que apenas hay turismo.


Es, sin embargo, una localidad bastante animada y con un bullicioso mercado donde venden para comer una delicatesen local: ratas.


Se pueden encontrar algunas modestas pensiones y hoteles en la zona centro, pero yo me alojé a las afueras de la ciudad, en la misión católica, en un entorno mucho más rural y aislado y frente a las plantaciones. Una moto taxi hasta la misión cuesta 20 meticais (0,27€). La habitación con baño cuesta 600 meticais por noche (8€). También ofrecen desayunos y cenas caseras a muy buen precio.


Gurué fue fundada por los portugueses en el siglo XIX y se desarrolló como una gran ciudad productora de té a partir de la década de 1930. Las autoridades portuguesas promovieron un clima económico próspero y las compañías locales de té se convirtieron en actores principales de una industria cuya producción se exportaba principalmente a Reino Unido, Estados Unidos y Canadá.


Una de las principales atracciones de este bello lugar es subir paseando hasta la Casa dos Noivos, la antigua residencia de un magnate del té, hoy en día abandonada, pero con unas bellas vistas de las plantaciones y de la ciudad.


Para subir hasta allí lo mejor es hacerlo caminando e ir siguiendo las indicaciones de los oriundos del lugar. Hay que pasar por una pequeña ermita y el restaurante Monteverde antes de llegar al sendero de subida. A partir de ahí se tardan unas tres horas en llegar hasta la cima de la colina, donde se encuentra la antigua mansión. Otra opción para ahorrarse tiempo en la subida es ir con una moto taxi hasta el comienzo o mitad del camino y luego seguir subiendo a pie.


La caminata hasta la Casa dos Noivos es realmente espectacular: campos verdes tapizados por plantas de té, alguna pequeña cascada, arroyos…


Durante la subida es fácil encontrarse con los recolectores de té en las plantaciones. La mayoría son hombres con sus cestas a la espalda que saludan sorprendidos a los pocos extranjeros que pasan por allí, algunos piden cigarrillos o unos cuantos meticais a cambio de ser fotografiados.



Hay que cruzar un riachuelo antes de llegar a la Casa dos Noivos, que se encuentra en un bosque de eucaliptos.


Esta casa perteneció al primer director de la empresa que explotaba las plantaciones de té, un tal Sir Douglas. Hoy en día la vivienda está abandonada, en ruinas y llena de vegetación, ya no queda nada de su antiguo esplendor, solo unas bonitas vistas de Gurué.


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